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Es lo que me pregunto al ver la última “restauración” de una obra de arte Sacra. En este caso se trata de la imagen canaria del siglo XIX, la Virgen de los Dolores de Arucas, que ha sido repintada. Esta intervención, de la que no se conoce su autor, ha corrido como la pólvora por las redes sociales y levantado ampollas entre los especialistas.

La Imagen de la Virgen de los Dolores, la obra en cuestión, es de una sola pieza, fechada en el año de 1852 y que realizó el escultor canario Silvestre Bello Artiles (1806-1874), por lo que estamos hablando de una imagen de casi 170 años.

Desde hace mucho, he oído que, cuando se restaura un sobra de arte, se debe hacer sin modificarla, intentando devolverle su estado original, pero sin añadir ni quitar nada. En el capítulo de “restauraciones estrepitosas”, parece que abrió la veda Cecilia Giménez Zuecos que, con el acuerdo del Ayuntamiento, se hizo “famosa” al “restaurar”, en agosto de 2012, el Ecce Homo del pueblo de Borja, aunque a lo largo de la historia han existido muchas “Cecilias” que, sin tener estudios o teniéndolos, han cambiado parcial o totalmente el aspecto de algunas obras de arte.

Ecce Homo del pueblo de Borja

Entre estas imágenes “restauradas” o directamente modificadas, hay de todos los tipos y en casi todo el territorio español, así en el año 2019, se creó una gran polémica en el sevillano pueblo de Lora del Río, cuando Juan José Negrí humanizó las imágenes, del siglo XVIII, de Santa María Egipciana y San José, que se veneran en el altar del Santuario de Setefilla, y que dividió al pueblo.

Un año antes, en el 2018, María Luisa Menéndez, una pintora aficionada de la localidad asturiana de Rañadoiro, “restauró” las tallas de la Virgen María y el Niño, de San Pedro y por último la de Virgen, el Niño Jesús y Santa Ana, todas ellas de finales del siglo XV y XVI, que se conservan en la ermita del pueblo, después de pedir permiso al párroco, para llevarse las piezas y pintarlas en su casa.  

Santa Ana con la Virgen y el Niño “restauradas” por la pintora aficionada María Luisa Menéndez del pueblo de Rañadoiro

Estas imágenes, que son Bien de Interés Cultural, son competencias, en cuanto a su conservación y restauración, de la Dirección General de Patrimonio, que denunciaron que el resultado de la restauración se hizo con colores claros y brillantes, sin respetar los modelos originales.

En el año 2007 tuvo lugar una polémica restauración. En este caso la Hermandad sevillana de Santa Genoveva, restauraba a su imagen Mariana titular. Esta intervenció causó un gran revuelo, ya que la Virgen, que restauró Enrique Gutiérrez Carrasquilla, fue devuelta con la tez más blanca e hizo que Jose Paz Vélez, el imaginero que la realizase en el año de 1956, denunciase a la Hermandad por restaurar a la Virgen sin su consentimiento. El juez terminó desestimando está denuncia, ya que consideraba que el autor no podía impedir la restauración ni exigir que fuese él quien la realizase. Y añadió que la restauración y limpieza puede ser necesaria y debe ser realizada por la Hermandad, a quien pertenece, la cuál incluso está obligada a realizar, sin tener que pedir permiso a su autor. Esta restauración dividió a muchos, ya que a algunos les parecía que está imagen, como otras tantas, estaba mejor antes de la restauración que después de la misma. Como se suele decir, para gusto están los colores.

Nuestra Señora de las Mercedes Coronada

En el año 2006 se realizaba una de las restauraciones más necesarias: La Imagen de Jesús del Gran Poder de Sevilla era retirada del culto durante tres semanas para que, los hermanos Cruz Solís e Isabel Pozas le devolvieran, al Señor de Sevilla, la expresión que el paso del tiempo y la suciedad le habían robado, una intervención

A lo largo de la historia han habido cambios, restauraciones y modificaciones de muchas imágenes, aunque parece que, en los últimos tiempos, está a la orden del día que, algunas imágenes, sean restauradas más por el gusto del restaurador de turno, que siguiendo los criterios originales de las propias tallas.

Primer plano del Señor de Sevilla, Jesús del Gran Poder

Quizás la culpa la tenga el problema económico, que hace recurrir a restauradores más baratos o personas con más voluntad que talento o el reír estas “gracias”, o la falta de conocimientos tanto de los encargados de las restauraciones, como de los que la encargan, es más, igual hasta de quien no fiscaliza cómo se está ejecutando ese trabajo.