Arrancando el nuevo curso

Ha comenzado el nuevo curso cofrade 2020/2021 y parece haber empezado algo raro y convulso.

Por un lado se fue quien ha sido el tercer obispo de la diócesis de Asidonia-Jerez, D. José Mazuelos Pérez, a su nuevo destino, Canarias, y aún aquí no sabemos quien tomará las riendas como cuarto obispo Asidoniense. En su lugar han nombrado al sacerdote, Federico Mantaras, como Administrador hasta la llegada del siguiente prelado. Llegados este momento me hago la pregunta, que también se hacen muchos, y no es otra que si tenían pensado desplazar a Mazuelos a Canarias, ¿Por qué no han nombrado en ese mismo momento al obispo para Jerez? Parece poco seria la cuestión.

Por otro lado, en el apartado de ocurrencias, llegaron algunos para azuzar la idea de que el año que viene habrá Semana Santa con procesiones, visto el acto organizado por el Gran Poder con motivo del 400 aniversario de la hechura del Señor de Sevilla. En estas se han ido suspendiendo procesiones, como las del Rosario, y algunos Rosarios de la Aurora, que ha válido para que la Unión de Hermandades de Jerez emitiese un comunicado apoyando a todas las Hermandades y a la religiosidad popular y en el que recalcaba que “…la caridad es uno de nuestros fines, pero el fin primordial es el culto, y para las cofradías el culto público es su razón de existir. El culto público está recogido en nuestros derechos constitucionales como uno de los garantes de la Libertad y la Igualdad entre los ciudadanos, así como el derecho a la libertad de expresión y manifestación pública de personas e ideas o creencias. Cuando los teatros y cines, los campos de fútbol y otras muchas actividades abren sus puertas, no entendemos como aún no se pueden celebrar manifestaciones de fe en la calle con las medidas de seguridad pertinentes y sí otras manifestaciones o actos de diferente índole.” Igual sería un poco extenso explicarle al máximo órgano de las Hermandades jerezanas que el culto público se da en cada Eucaristía, en cada Triduo o Novena. Que el culto público, como lo llaman, no obliga a sacar ninguna procesión, máxime con la que tenemos encima, que por no aprobar un Rosario en la calle, nadie está atacando la libertad de expresión de nadie ni su fe y que es muy fácil gestionar un cortejo procesional o el público de un teatro o cine, pero muy difícil al público que asiste y se mueve en un acto en la calle. Está claro que el problema no son las Hermandades sino en el público asistente ¿Quién controla tal masa de personas? Para mi parecer, es incomparable un acto con público acotado, sentado y controlado, como el del Gran Poder, a unas procesiones con miles de personas en las calles y sumado a la imposibilidad de distancia interpersonal. De echo lo hemos visto y lo vemos a diario en fiestas y en aglomeraciones. Igual el gusanillo de procesiones que, reconozco, tanto critico porque pienso que no es el momento, les hace no ver esto a unas personas que no entiende que no es tiempo de andar con estas. Igual algunos actos simplemente no estaban bien organizados y, por ello no se permitieron, ya que en fechas posteriores se han permitido otros de la misma índole. Creer ahora mismo que habrá procesiones en 2021, es autoengañarse y, lo que es peor, decir a otros que las habrá, es engañar a los demás.

Debo reconocer que echo en falta esa rapidez, por parte de esa institución y de otras tantas, en hacer comunicados porque, supuestamente, atacan la fe o libertad de algunos (la mía no), para otros casos que quizás son más peliagudos, como el supuesto caso de abusos en la parroquia de San Rafael. ¿Por qué no lo hacen? Quizás la respuesta es sencilla: Es más fácil mirar la casa ajena, que la propia. No utilicemos las Cofradías para fines espurios, que ya cansan quienes no saben separar la fe de otras cosas.

Como siempre digo, haya o no pasos en la calle para el 2021, Semana Santa sí habrá, lo principal está y estará en el Sagrario, en el culto a nuestros Titulares (con procesión o no) y en el verdadero mensaje de amor al prójimo. Esa es la verdadera manifestación de Fe. No es el momento de pensar en sacar pasos a la calle. No se va a hundir el Cristianismo por no sacar procesiones. Son más de dos mil años de historia y se ha pasado por todo. Seamos coherentes con esto, porque todos sabemos lo que implica la Semana Santa y lo que nos jugamos. Quizás este tiempo sirva para engrandecer el patrimonio de nuestras Hermandades, quizás este tiempo sirva para que reflexionemos, quizás este tiempo sirva para hacer verdadera Caridad con el que sufre y lo necesita. Quizás este tiempo sirva para hacernos a todos un poquito mejor.

Cerrando el curso

Se suele decir que las cosas no son cómo empiezan, sino como terminan. Algo así ha sucedido en este curso cofrade. Comenzó por el mes de septiembre de 2019 con grandes expectativasy con muchos proyectos en todas las Hermandades.

Las Glorias tocaban casi a su fin y se abría el camino hacia la Natividad del Señor, con el montaje de belenes, la organización de tómbolas y la preparación de la campaña de Navidad. Los ensayos se comenzaban a planificar, algunos a realizar y los estrenos ya se agolpaban de cara a la inminente Semana de Pasión.

Sólo se celebraron unas pocas jornadas de besapiés y besamanos. Los ensayos se tuvieron que suspender y los triduos y cultos, se verían pospuestos o realizados de manera on-line. Muchos no se lo creían pero, el coronavirus había llegado para quedarse y con su “visita” no esperada ni deseada, los desfiles procesionales se suspendieron y las imágenes Titulares se quedaron en sus templos.

No hubo casi nada que montar ni desmontar. Las Vírgenes se quedaron en sus altares, vestidas de hebrea, hasta mucho después del tiempo cuaresmal. Las iglesias se quedaron vacías y todos tuvimos que adaptarnos a la nueva realidad que nos traía el dichoso virus.

Pasados los meses, casi al cierre del curso 2019/2020, se volvió a la llamada “nueva normalidad”, en la que los templos, con su capacidad limitada al público, volvían a hacerse con el ritmo del día a dia, aunque manteniendo una serie de normas por todos conocidas. Con la llegada de esta “nueva normalidad” las procesiones y romerías seguirían sin aparecer, ya que no se permitían aglomeraciones publicas, y celebraciones como el Rocío o el Corpus comenzarían a caer del calendario. Tras ello, se suspenderían todas las procesiones futuras, y se celebrarían misas y actos en las iglesias.

Como decía al principio, las cosas no son como empiezan, sino como terminan. Y el curso cofrade, en la provincia de Cádiz, ha terminado con dos anuncios que, en el momento de su futura celebración, estoy seguro que harán olvidar todo lo pasado, como son las coronaciones canónicas de la Virgen de las Penas de la Hermandad de la Palma gaditana y de la jerezana Virgen de la Estrella. También terminamos este curso cofrade con un obispo de Asidonia-Jerez que pronto nos dejará, para marcharse a la tierra del mojo picón y al que aprovecho, una vez más, para desearle lo mejor.

El futuro es incierto, algunos esperaban la llegada del mes de septiembre, para vivir esas anunciadas procesiones post-verano, pero las festividades fijadas de ese mes, como la de la Patona de El Puerto de Santa María o la de Granada, ya han sido suspendidas, por lo que es más que probable que sigamos a cero, en lo que a procesiones se refiere. Y los más agoreros (o realistas) ya avisan de que la Semana Santa de 2021, podría quedarse sin procesiones igualmente.

Como dije en un anterior articulo, todo esto quizás sea un aviso para que vivamos lo realmente importante, que es el recogimiento de las celebraciones internas. Sea como sea, que lo que esté por venir sea sólo un fiel reflejo de nuestros actos. Sólo queda desear que todo esto pase lo más pronto posible y que seamos responsables durante este tiempo estival.

Grandes devociones: Nuestra Señora del Carmen Coronada, Jerez de la Frontera

Primer plano de la Santísima Virgen del Carmen

La Real Hermandad de Damas y Caballeros de Nuestra Señora del Carmen Coronada de Jerez de las Frontera es quizá una o la más importante de las Hermandades del Carmen de la zona, no sólo por su historia sino por ser la primera Virgen bajo esta advocación y la octava coronada canónicamente.

Es la Santísima Virgen una talla cuya autoría es anónima, de gran tamaño, del siglo XVIII, que llegó de Sevilla en el año de 1586, instalándose en el Hospital de la Sangre, antiguo asilo de San José. Acompaña a la Imagen un Niño Jesús que porta también una espectacular corona y luce ricos vestidos bordados en oro.

Despues de tener que entregar el convento para los enfermos de peste, en el año de 1600, y transformarlo en un hospital a las afueras de la ciudad, los frailes vivieron en domicilios particulares hasta construir el nuevo templo. Desde entonces fue creciendo tanto la devoción a la Reina del Monte Carmelo, en la ciudad de Jerez de la Frontera, que en el año 1925 fue coronada canónicamente en el parque González Hontoria, gracias, en buena parte al prior Fray Luis María Llop y a los que serían más tarde los padrinos de esta coronación D.Fernando de Soto y Aguilar y Dña. Carmen Domecq y Núñez de Villavicencio, marqueses de Arienzo y de Santaella, Condes de Puerto Hermoso y Grandes de España.

La coronación.

La Virgen del Carmen a los pies de la Giralda

En mayo del año 1922 salió a concurso el anteproyecto de la corona. Por ello se recibieron 16 bocetos, llegando a seleccionarse tres de los que saldría la corona de la coronación. El jurado creado para tal efecto seleccionó el boceto presentado por el valenciano D. José David, de Játiva. Su obra constaba de dos partes: La imperial y la ráfaga, estando realizada en oro de ley y contando con alrededor de diez mil piedras preciosas de diferentes tipos. Este proyecto llamó la atención por su voluminoso acabado y por sus seis kilos y medio de peso.

Fueron muchos los jerezanos de toda condición que, años antes, quisieron aportar su donación de oro para poder culminar con éxito la corona de la Virgen. La corona tenía un peso de seis kilos y medio, si bien más tarde tuvo que ser reforzada la estructura, llegando a pesar diez kilos.

La mañana del día domingo 19 de abril de 1925, llegó la presea a la ciudad de Jerez, siendo lleva en un coche y escoltada por un capitán y algunas parejas de la Guardia Civil. Quedó expuesta en el palacio de los Condes de Puerto Hermoso y en el Ayuntamiento, para que la viese todo el pueblo jerezano.

En las jornadas previas al día de la coronación se realizaron dos quinarios en San Miguel y Santiago, después dos triduos preparatorios en la Santa Iglesia Catedral y en la Basílica del Carmen y al término se realizó, en esta última, una Vigilia de Adoración Nocturna.

El ajuar de la Virgen expuesto el 15 de julio en la Basílica

Ya el día de la coronación, a las tres y media de la madrugada, empezó una serie de once misas consecutivas que se celebraron hasta las ocho y media de la mañana, cuando la Virgen dejó la Basílica para hacer historia. A la Imagen la acompañaban la comunidad carmelita, el clero secular y el Ayuntamiento deala época bajo mazas.

Antes de la llegada de la Santísima Virgen al parque, donde ya esperaban miles de jerezanos, llegó un tren especial, que venía de San Fernando, con una Compañía integrada por los alumnos de la Escuela Naval, una Compañía de desembarco del acorazado Alfonso XIII y otra de Infantería de Marina. Los Reyes de España, Don Alfonso XIII, que vestía uniforme de Capitán General de la Caballería de Lanceros con Toisón de oro así como otras condecoraciones, y Doña Victoria Eugenia, también hicieron su entrada y, tras ellos, llegó el Nuncio de Su Santidad, Monseñor Federico Tedeschini, con muceta de armiño y capa púrpura de cola larga.

Nuestra Señora del Carmen en su paso

Se acercaba el paso con la Santísima Virgen por la, por entonces avenida de América, hoy Álvaro Domecq y la expectación crecía en el interior del González Hontoria. El silencio sólo fue roto cuando el Nuncio puso la corona en la cabeza de la Reina Carmelita, que hizo replicar todas las campanas de la ciudad.Tras la coronación, NuestrNuestra Señora del Carmen coronada, se dirigió hasta la catedral, por entonces Colegiata, para presidir un Pontifical de Acción de Gracias, al que también fueron los Reyes, y un Triduo.

Como anecdota, cabe destacar que en los años 50, procesionó con la corona de Santa Maria de la Paz en su Mayor Afliccion, de la Hermandad de la Coronación de Espinas, por miedo a que la corona fuese robada.

Fueron muy festejados tanto el 25 como el 50 aniversario de la coronación, demostrando el arraigo y la devocion que la ciudad le tienen a la Virgen del Carmen. Ya en el año de 1951, la Imagen fue elegida para presidir la procesión magna de sevilla, en la que se conmemoraba el VII centenario de la entrega del Santo Escapulario a San Simón Stock.

Las dos devociones de Jerez: La Virgen del Carmen y la Virgen de la Merced

Es innegable el fuerte arraigo de la orden y la Imagen Carmelita en la ciudad de Jerez de la Frontera, tanto que algunos le dan casi más importancia que a la propia Patrona, aunque es innegable el amor del pueblo jerezano a sus dos Vírgenes de gloria coronadas. Es mucho el público que acude cada día y cada vísperas a la Basílica, para rendir pleitesía a la Virgen marinera, que riega cada 16 de julio las calles con olor a rosas y nardos, al son de la banda Maestro Tejera de Sevilla que, con sus sones, acompañan a una de las tallas más importantes de la provincia gaditana.

En la víspera de la festividad, la Basílica acoge a las 12 de la noche la Salve o Saludo a la Virgen, que se celebra con un templo a rebosar y lleno de solemnidad. Después del mismo, los asistentes suben al camarín de la Virgen para verla de cerca y poder observar, en la antesala del mismo, todo el ajuar que la Sagrada Imagen y el Niño Jesús llevará en su procesión de Alabanzas del día siguiente.

En la actualidad la Hermandad se encuentran inmersa en la organización del centenario de la coronación canónica de su Títular, el próximo mes de abril de 2025.

Hasta siempre Don José

Era un secreto a voces que el obispo de Asidonia-Jerez, D. José Mazuelos Pérez, sería trasladado a otra Diócesis. Enseguida comenzaron las quinielas para saber su próximo destino y el nombre de su sucesor. A pesar de ser algo esperado, nos cogió de sorpresa en la mañana del pasado lunes. Una rueda de prensa, celebrada a las 12:00 horas en el salón de actos de Juan Pablo II, en la que el propio Mazuelos anunciaba su adiós y su nuevo destino, Canarias.

Se va el tercer obispo de la diócesis, antecedido por el difunto D. Rafael Bellido Caro y el Castrense D. Juan del Río Martín. Un obispo nombrado el día de su Santo, hace más de diez años y que ha intentado poner orden en algunos campos, sobre todo en lo relacionado con las Hermandades, aunque a veces, y en mi modesta opinión, se pasó de frenada, si bien es verdad que no le quitaré ni un ápice de buena voluntad a estas decisiones.

Sonó para ser obispo de Huelva, por la jubilación de D. José Vilaplana Blasco, pero con el nombramiento de D. Santiago Gómez Sierra, obispo auxiliar de la Archidiócesis de Sevilla, como nuevo prelado onubense, se comenzó a hablar de Canarias como su próximo destino, como finalmente ha sido.

Era un obispo que venía de la Archidiócesis sevillana y eso, a algunos, le sonaba bien por aquello de tener un obispo cofrade y proveniente de Sevilla. En la práctica ha tenido que lidiar con algunos temas peliagudos como la destitución de la Junta de Gobierno de la Hermandad del Prendimiento jerezano, también ha intentado poner orden en las salidas extraordinarias y algo importante como el voto por correo de personas que viven fuera de la provincia eclesiástica peninsular a la que pertenece nuestra Diócesis, entre otras muchas cosas. Se deja temas en los que no ha querido o simplemente ha preferido o no ha podido entrar, como la vuelta del Sábado Santo.

Esperemos que en su nuevo lugar, el archipiélago canario, le vaya lo mejor posible y que todas las decisiones que tome, sean para bien. Al futuro obispo de Asidonia-Jerez, sea quien sea, desearle lo mejor y pedirle mano izquierda y paciencia con el complicado mundo cofrade, que falta le va a hacer.

Lo dicho, mucha suerte y hasta siempre Don José.

Grandes devociones: Nuestra Señora de los Reyes Coronada, patrona de Sevilla

Nuestra Señora de los Reyes coronada es una imagen, sedente, de tamaño natural, atribuida a la escuela francesa y de autor anónimo y fechada en la primera mitad del siglo XIII. Sus facciones son de estilo gótico y está realizada en madera de alerce. Es de las llamadas de candelero, por lo que solo tiene talladas las manos, cabeza y pies. El pelo de la imagen es de hilo de oro trenzado y su cuerpo está recubierto de pergamino, con una policromía de gran realismo en manos y cara. Porta una imagen del Niño Jesús, también del siglo XIII, de unos 60 centímetros de altura, de idéntico parecido con la Virgen.

La historia de la Virgen de los Reyes cabalga entre la realidad y la leyenda. Unos cuentan que fue creada por ángeles del cielo, otros que fue donada al Rey Fernando III de Castilla por el Rey Luis IX de Francia, de ahí que se la conozca como Virgen “Fernandina”. También se dice que el monarca la vio en sus sueños y mandó hacer una talla idéntica y que la acompañó en la reconquista. En este sueño, el Rey, vio a la Virgen sentada con su hijo en brazos y le dijo: “Fernando, por tu gran piedad, yo te prometo que habrás de conquistar Sevilla”. El Rey dejó escrito en su testamento su deseo de ser enterrado a los pies de la Santísima Virgen y, a día de hoy, reposa el monarca junto a Ella. Otra versión es que encontró a la imagen y por esa razón, la acompañó en la reconquista. Lo que si parece más certero es que llegó a la catedral por mediación de Alfonso X el Sabio.

Primer plano de la Virgen de los Reyes y el Niño Jesus

El 4 de diciembre del año 1904, se convirtió en la primera Virgen en ser coronada canónicamente de Andalucía. El acto tuvo lugar en la catedral sevillana por el arzobispo de Toledo y primado de España, el cardenal Ciriaco María Sancha, siendo la única Virgen sevillana que no ha sido coronada por un cardenal o arzobispo de Sevilla ni tuvo madrinas ni padrinos para este acto. Lució la imagen un manto, de tisú celeste con bordados en plata, que fue donado por la condesa de Casa Galindo para estrenarlo, en el triduo preparatorio de la coronación, los días 1, 2 y 3 de diciembre.

En el año 1939 se le concedieron honores de capitán general, portando fajín, y años más tarde, el 15 de agosto de 1946, se la reconoció como patrona general de Sevilla. El Papa Pío XII proclamó este día, por el breve pontificio Quam Fervida, patrona general y principal de Sevilla y su archidiócesis. El día 24 de noviembre de ese año, realizó una procesión al Consistorio sevillano, para dar a conocer la proclamación de su patronazgo general sobre la ciudad. Procesionaron con Ella, en sus pasos, la Virgen del Pilar, la Amargura, la Virgen del Valle, Nuestra Señora de Todos los Santos, la Virgen del Amparo y la Virgen de la Esperanza Macarena.

La Sagrada Congregación de Ritos, instituyó la festividad litúrgica de Nuestra Señora de los Reyes, para el día 7 de agosto con rito doble de primera clase y octava común el 25 de junio del año 1947.

Como hemos visto anteriormente, en su coronación canonica, la patrona sevillana, ha sido la primera en muchas cosas, entre ellas, en el año 1958, se le impone la Medalla de Oro de la ciudad de Sevilla, siendo la primera imagen en ostentarla.

En su procesión anual, en su corto recorrido por los alrededores de la Seo hispalense, la Virgen realiza en las esquinas de la misma unos giros completos llamados “posas”, y que consisten en que el paso es vuelto hacia la presidencia eclesiástica, que va detrás, y detenido, tras lo cual se inciensa a la Virgen y se rezan las preces correspondientes a la hora tercia del breviario, que es la que corresponde con la procesión.

En el año 2004, coincidiendo con el centenario de su coronación canonica, salió en procesión extraordinaria, en la que llevaba el mismo manto con el que se coronó cien años atrás.

Fue en el año 2006 cuando la procesión tuvo que cambiar su traficional itinerario, debido a las obras alrededor de la catedral, que llevó a la Virgen a recorrer el vecino barrio de Santa Cruz, que se adornó para tal ocasión. Lucía ese año la Virgen el manto, donado por la duquesa de Montpensier, bordado en oro sobre terciopelo rojo. Sevilla respondió a tan histórica procesión de manera multitudinaria.

En el año 2013, con motivo del Año de la Fe, presidió de forma extraordinaria el 27 de abril, el Pregón de las Glorias de María en el altar del Jubileo de la catedral. Ese mismo año, el sábado 11 de mayo, salió en procesión extraordinaria, ataviada con el manto de la coronación, a la misma hora que lo hace cada 15 de agosto, las ocho de la mañana, en Rosario de la Aurora. Cada misterio fue ofrecido por los frutos del Año de la Fe y otras intenciones.

El ajuar que posee la Virgen de los Reyes es de gran valor económico, artístico y sentimental. Entre estos objetos se sabe que la patrona sevillana posee tres coronas, siendo las más valiosa la de la coronación. Una de estas preseas es la denominada de las filigranas, que tiene engarzadas amatistas, esmeraldas y perlas, y que sustituyó a la robada en el año 1873. Es la que suele utilizar durante sus cultos y fue realizada Manuel González Rojas en 1876, siendo la de salida, hasta la coronación canónica de 1904. Otra de las coronas es la que suele lucir, durante todo el año, en su camarín y está fechada a finales del siglo XVIII. La de salida o de la coroncion, es de las piezas más valiosas de todo su ajuar, que sirvió para coronar canónicamente a la Imagen en 1904 y que ejecutó Pedro Vives y Ferrer. Es de estilo bizantino, con aro ornamentado con hileras paralelas de brillantes, con ocho coronas entre piedras y esmeraldas, que significa su reinado sobre los reyes, su canasto es octogonal y en él figuran los cuarteles del escudo de España, silueteado por una vara de rosal con tallos de esmeraldas, abriéndose en la rosa, ocho varas en color con semillas de brillantes y perlas. Todo ello, rematado por cuatro ángeles de oro esmaltado y un frontal que posee una gran perla irregular. Tiene casi 12.000 piedras y un peso de 2.550 gramos.

Algunos de los pecherines que posee la Virgen

Tiene la Virgen, aunque no los suele llevar puestos, varios anillo donados por diferentes cardenales de la Archidiócesis, como el de los cardenales Segura o Bueno Monreal. El Niño Jesús también tiene piezas valiosas, como son los cinco pares de zapatos, que suele llevar a juego con los de la Virgen. También tiene dos palmas: Una de brillantes y oro blanco, que es la que lleva en la procesión y el resto de año otra de diseño más sencillo.

Cabe destacar los distintos pecherines que posee, entre los que destaca uno, realizado a partir de pulseras, broches y monedas de oro, donados por devotos y confeccionado por las camareras de la Virgen. Otra de estas piezas es el pecherín más valioso, que porta cada 15 de agosto, realizado con brillantes y llevando en su centro la medalla de hija adoptiva de la ciudad de la Infanta María Luisa, que se la donó a la Imagen. El llamado pecherín de las turquesas, que está presidido por la medalla de la Guardia Civil, fue donado por una comision del instituto armado y fue elaborado a partir de broches de capas pluviales del siglo XVI.

El denominado pecherín de corales, que originalmente formaban parte de una tiara, es el que suele utilizar para los besamanos y es uno de los más apreciados por los de votos. Fue donado por el Rey Luis Felipe de Francia. El de topacios y Esmeraldas, que suele llevar durante la Novena, es de un valor incalculable. Tiene otro más realizado por amatistas y aguamarinas de gran belleza.

Entre los mantos, tiene cinco de salida: El verde, bordado en oro, siendo una greca de estilo renacentista. Fue donado por la Reina Isabel II en el año de 1853 y fue realizado por las bordadoras de Cámara de la Reina, Margarita y Rosa Gilart Jiménez. El de tisú blanco, donado también por la reina Isabel II en el mismo año que el anterior, y es conocidos como el de los castillos y leones. El manto rojo, de estilo barroco y confeccionado en el siglo XIX, fue donado por la infanta María Luisa Fernanda de Borbón, duquesa de Montpensier. Esta pieza esta bordada en oro y contiene flores. El de la Coronación, que se estrenó en 1904, y fue ejecutado en los talleres de Olmo y donado por la Condesa de Casa Galindo. Este es uno de los de mayores dimensiones que tiene la Virgen y fue diseñado por Herminia Álvarez Udell. El último manto de salida es el denominado manto del Congreso de 1929, que fue estrenado ese mismo año, en la procesión organizada en el Congreso Mariano celebrado en Sevilla. Esta realizado en tisú salmón, bordado en seda y oro por las camareras de la Virgen, las Hermanas de la Cruz. Fue un regalo de la Duquesa de Osuna, que donó los materiales para su confección. En total cuenta con más de noventa mantos, tanto los cinco de salidas, como numerosos para cultos, para diario y besamanos.

Nuestra Señora de los Reyes Coronada en su paso de “tumbilla”

El paso en el que procesiona, cada 15 de agosto, es un paso de palio, llevado por costaleros y denominado “de tumbilla”, que fue realizado por el orfebre Juan Talavera en el año 1914 y es adornado para su salida procesional con miles de varas de nardos.

La Virgen se venera, durante todo el año, en la Capilla Real de la Santa Iglesia Catedral hispalense.

El Corpus de la “nueva normalidad”

Dicen que hay tres jueves que brillan en el año más que el sol, uno de ellos el Corpus, y así fue. Un jueves Eucarístico fresco, pero brillando el rey sol, como reza el dicho popular. Con éstas, se celebraba la festividad del cuerpo y sangre de Cristo, en toda España, en unos templos a medio gas, debido en parte a las normas del Estado de Alarma, que sólo permite el 50% del aforo, en parte, y seamos realistas, a que no hubo procesión por las calles y el bullicio, en algunas ciudades, de años anteriores para verla, no existió.

Con la normativa vigente, que no permite grandes aglomeraciones, si no se puede mantener la distancia de seguridad, y con la petición de la Junta de Andalucía, del 2 de junio, que pedía a los Ayuntamientos no convocar ni organizar fiestas o romerías en los meses de junio, julio y agosto todo, respecto a procesiones en la calle, estaba despachado.

Este ha sido el Corpus de la nueva normalidad. Una normalidad a la que, queramos o no, nos tendremos que ir acostumbrando. Un Corpus de procesiones claustrales, de Eucaristías para quienes verdaderamente han querido participarparticipar, aunque a algunos les mande más el cargo. Un Corpus, por qué no decirlo, especial. Este Corpus Christi pasará a la historia, así como las festividades de los siguientes meses, por el recogimiento interno y la falta de procesión posterior. Tal vez estemos viviendo algo histórico, más allá del no procesionar de pasos, y simplemente esta nueva normalidad venga a enseñarnos que, de esta manera, el culto a los Titulares es más fructífero y más personal.

Verdad es, a pesar del límite de aforos, que la celebración eucarística estuvo cargada en la mayoría de los casos de una solemnidad casi olvidada, donde Jesús Sacramentado se hizo más presente que nunca. ¿Quizás el que después no hubiese procesión, hizo a los asistentes centrarse más en lo verdaderamente importante de este día? ¿Quizás quede demostrado que, algunos, siguen sin tener claro que esto va antes que cualquier procesión? Quizás no ha sido sólo el coronavirus el que ha “vaciado” las iglesias.

Sea como sea, esta nueva normalidad, traerá momentos internos, con la celebración de las venideras festividades que, seguro, servirá para seguir pensando y reflexionando sobre lo que estamos viviendo y darle la importancia que tiene cada cosa sin dramatizar.

¿Qué está pasando?

Es lo que me pregunto al ver la última “restauración” de una obra de arte Sacra. En este caso se trata de la imagen canaria del siglo XIX, la Virgen de los Dolores de Arucas, que ha sido repintada. Esta intervención, de la que no se conoce su autor, ha corrido como la pólvora por las redes sociales y levantado ampollas entre los especialistas.

La Imagen de la Virgen de los Dolores, la obra en cuestión, es de una sola pieza, fechada en el año de 1852 y que realizó el escultor canario Silvestre Bello Artiles (1806-1874), por lo que estamos hablando de una imagen de casi 170 años.

Desde hace mucho, he oído que, cuando se restaura un sobra de arte, se debe hacer sin modificarla, intentando devolverle su estado original, pero sin añadir ni quitar nada. En el capítulo de “restauraciones estrepitosas”, parece que abrió la veda Cecilia Giménez Zuecos que, con el acuerdo del Ayuntamiento, se hizo “famosa” al “restaurar”, en agosto de 2012, el Ecce Homo del pueblo de Borja, aunque a lo largo de la historia han existido muchas “Cecilias” que, sin tener estudios o teniéndolos, han cambiado parcial o totalmente el aspecto de algunas obras de arte.

Ecce Homo del pueblo de Borja

Entre estas imágenes “restauradas” o directamente modificadas, hay de todos los tipos y en casi todo el territorio español, así en el año 2019, se creó una gran polémica en el sevillano pueblo de Lora del Río, cuando Juan José Negrí humanizó las imágenes, del siglo XVIII, de Santa María Egipciana y San José, que se veneran en el altar del Santuario de Setefilla, y que dividió al pueblo.

Un año antes, en el 2018, María Luisa Menéndez, una pintora aficionada de la localidad asturiana de Rañadoiro, “restauró” las tallas de la Virgen María y el Niño, de San Pedro y por último la de Virgen, el Niño Jesús y Santa Ana, todas ellas de finales del siglo XV y XVI, que se conservan en la ermita del pueblo, después de pedir permiso al párroco, para llevarse las piezas y pintarlas en su casa.  

Santa Ana con la Virgen y el Niño “restauradas” por la pintora aficionada María Luisa Menéndez del pueblo de Rañadoiro

Estas imágenes, que son Bien de Interés Cultural, son competencias, en cuanto a su conservación y restauración, de la Dirección General de Patrimonio, que denunciaron que el resultado de la restauración se hizo con colores claros y brillantes, sin respetar los modelos originales.

En el año 2007 tuvo lugar una polémica restauración. En este caso la Hermandad sevillana de Santa Genoveva, restauraba a su imagen Mariana titular. Esta intervenció causó un gran revuelo, ya que la Virgen, que restauró Enrique Gutiérrez Carrasquilla, fue devuelta con la tez más blanca e hizo que Jose Paz Vélez, el imaginero que la realizase en el año de 1956, denunciase a la Hermandad por restaurar a la Virgen sin su consentimiento. El juez terminó desestimando está denuncia, ya que consideraba que el autor no podía impedir la restauración ni exigir que fuese él quien la realizase. Y añadió que la restauración y limpieza puede ser necesaria y debe ser realizada por la Hermandad, a quien pertenece, la cuál incluso está obligada a realizar, sin tener que pedir permiso a su autor. Esta restauración dividió a muchos, ya que a algunos les parecía que está imagen, como otras tantas, estaba mejor antes de la restauración que después de la misma. Como se suele decir, para gusto están los colores.

Nuestra Señora de las Mercedes Coronada

En el año 2006 se realizaba una de las restauraciones más necesarias: La Imagen de Jesús del Gran Poder de Sevilla era retirada del culto durante tres semanas para que, los hermanos Cruz Solís e Isabel Pozas le devolvieran, al Señor de Sevilla, la expresión que el paso del tiempo y la suciedad le habían robado, una intervención

A lo largo de la historia han habido cambios, restauraciones y modificaciones de muchas imágenes, aunque parece que, en los últimos tiempos, está a la orden del día que, algunas imágenes, sean restauradas más por el gusto del restaurador de turno, que siguiendo los criterios originales de las propias tallas.

Primer plano del Señor de Sevilla, Jesús del Gran Poder

Quizás la culpa la tenga el problema económico, que hace recurrir a restauradores más baratos o personas con más voluntad que talento o el reír estas “gracias”, o la falta de conocimientos tanto de los encargados de las restauraciones, como de los que la encargan, es más, igual hasta de quien no fiscaliza cómo se está ejecutando ese trabajo.

¡Todo se consumó!

¡Todo se consumó!

No hubo problemas de última hora. No hubo nervios con los partes meteorológicos, ya que ni tan siquiera hubo que mirarlos. No hubo enfados, con el que vino a sacar la papeleta de sitio, el mismo día de la salida procesional. Tampoco hubo carreras para ver a esta Cofradía aquí o la otra allá, siguiendo el olor a incienso o el sonido de las bandas. Ni hubo filas de cirios iluminando el camino a los Titulares, ni chirriar de la ruedas de los coches, por la cera en el pavimento. Por no haber, no hubo ni azahar en los naranjos. No. No hubo nada de eso. Parece increíble que algo invisible, imperceptible al ojo humano, haya sido capaz de provocar todo esto.

Todas las Hermandades se quedaron en casa, sin nada que montar, sin flores que poner, sin cera que alinear, sin imágenes que cambiar, sin mantos que colocar. Fue una Cuaresma rara, con la mayoría de Triduos sustituidos por oraciones en el Facebook de las Hermandades, sin apenas besapiés ni besamanos, casi sin ensayos y sin pregón, aunque El Puerto esperará con ganas que, el pregonero de 2020, recite sus versos en 2021, enhorabuena Figue. Espero poder decir lo mismo con el cartel o, al menos, con el cartelista y que el compañero, Antonio Montero, sea quien nos anuncie la Semana Mayor portuense del próximo año (ahí lo dejo). Fue un Viernes de Dolores atípico, sin Agrupaciones ni Hermandades por calles y barrios. La Entrada en Jerusalén no abrió las procesiones en ningún lugar. El inicio de la Semana Santa se vería truncado. Un Domingo de Ramos de silencio, de muerte y de tristeza por todo lo que estamos viviendo. Un Domingo de Ramos que se tiñó de oscuro y, tras él, todo se vendría abajo. ¿O no?

Se han podido seguir Oficios por televisión, por páginas web o por Facebook en unos templos vacíos, oscuros, silenciosos. También hemos podido ver la Semana Santa portuense, de años anteriores, en Onda Pasión. Un arduo trabajo que Alberto Ortega ha capitaneado, sin descanso, junto a todo el equipo de OndaPasion.com, al que aprovecho para dar la enhorabuena y por supuesto al compañero Luismi de Mundo Cofrade por su colaboración, para poder llevar y ofrecer entrevistas, fotografías e imágenes, para los más nostálgicos de la Semana Santa, que abríamos el pasado Jueves de Pasión, que coincidía con el decimoquinto aniversario de la muerte de san Juan Pablo II, con la Hermandad jerezana de Bondad y Misericordia y que cerramos, de manera brillante, con la Resurrección de Cristo y con las hermosas palabras que mi siempre querido, admirado y respetado AMIGO, Fernando Durán Rey, ha tenido a bien ofrecernos, para hacernos participe, una vez más, de las vivencias y la actualidad. Unas palabras capaces de emocionarnos y transportarnos a tiempos grandes, de las retransmisiones radiofónicas, de la Semana Santa portuense.

Por desgracia, también ha sido una Semana Santa donde muchos comentarios que se han podido leer, han sido del tipo “Este año no podré ser tus pies” o “Qué pena que este año no salga ninguna a la calle”. Ojalá esas personas encuentren el verdadero sentido de todo esto, que no es exclusivamente el de sacar un paso a la calle, y entiendan que hay otra manera de vivir la Semana Santa, aunque no haya procesiones, y disfruten de su Hermandad, en el caso que sean hermanos de alguna, los 365 días del año.

Ha sido una Semana Santa histórica, por el no procesionar de ningún paso. Por cómo nos hemos tenido que adaptar a la nuevas tecnologías, para seguir las retransmisiones, de años atrás, que nos ofrecían las redes sociales y las televisiones que, igual, nos ha servido para aprovecharlas y verlas con más tranquilidad, para saborear cada minuto o apreciar detalles que, quizás, con las prisas de los años pasados, no hemos sabido ver. Una Semana Santa que, en lo personal, la he vivido con tranquilidad y sin angustias ya que, por suerte, se que no se termina el mundo por no salir a la calle en procesión. Y lo dice uno que fue de la Humildad y Paciencia, que se ha mojado o se ha quedado en la capilla de la Aurora varios años.

Debo reconocer que yo no soy muy de salidas extraordinarias, y mucho menos sin una justificación sólida, y no perderé el tiempo en pensar en pasos en septiembre, en Magnas o extraordinarias, con el único fin de quitarle el gusanillo a algunos, máxime cuando lo extraordinario, lo hemos hecho ordinario, por el gran número de procesiones de ese tipo que hubo, hay y habrá. Igual sería más factible hacer una solemne misa de Acción de Gracias, en una iglesia amplia de cada ciudad, y que el cepillo se destine para los más necesitados, que son y serán bastantes. Aunque estoy casi seguro que, los de las magnas y las extraordinarias, no asistirán, ya que igual, sólo les interesa el folklore. Cada cual tiene sus prioridades.

Algunos se preguntan si podemos decir que la Semana Santa de 2020 ha pasado o simplemente ha quedado una página en blanco, sin escribir. Quizás la Semana Santa de 2020 sí ha existido. Quizás Jesús entró en Jerusalén, cuando un enfermo salió de la UCI. Quizá sí hubo Jueves Santo, Día de Amor Fraterno, en esas oraciones para que nuestros amigos y familiares no cayeran en la enfermedad. Quizás sí hubo última cena, cuando cientos de voluntarios repartieron comida a nuestros mayores y a los más necesitados. Quizás sí hubo dolor, crucifixión y soledad en cada familia que ha perdido a algún familiar, por culpa del dichoso coronavirus, y no se pudo despedir de él. Quizás si hubo Resurrección con las miles de personas que han sobrevivido a la mayor pandemia que, a muchos, nos ha tocado vivir. Quizás, si somos capaces de verlo, hayamos entendido el verdadero significado de todo esto y hayamos comprendido que sí, que ha existido la Semana Santa de 2020 y que podemos hacer que ésta, la Semana Santa de este año, permanezca para siempre en nosotros.

Espero que la Resurrección transforme a todos y cada uno. Que nos haga mejores personas y mejores cristianos. Que nos haga centrarnos en lo verdaderamente importante. Ya habrá tiempo de hablar de pasitos, de querer quitarse la espina del costal y del chunda chunda. Ahora es tiempo de aunar fuerzas, mirar con esperanza, fe y caridad al futuro y quedarse en casa, pensando en lo que está por venir y, porqué no, en la nueva Semana Santa, la de 2021, que nos espera.

Feliz Pascua de Resurrección.

Sueño de una noche de invierno

Pudiera parecer que voy a contar algo relacionado con la comedia que William Shakespeare escribiera alrededor de 1595, titulada “Sueño de una noche de verano”, donde se narra los sucesos ocurridos durante el casamiento de Teseo, duque de Atenas, con Hipólita, reina de las amazonas, pero nada más lejos de la realidad… ¿O no?

Lo que cuento a continuación también tiene que ver con uniones, pero uniones de personas por caprichos del destino. Todo esto sucede una tarde noche de invierno, cuando se crea un grupo de WhatsApp, con gente conocida y gente que nono habíamos hablado nunca, en el que se empieza a preparar lo que más tarde debiera ser, allá por el Domingo de Pasión, uno de los actos centrales de la Semana Santa: Su pregón.

Un grupo de locos, como Figue, Fran, Alberto, Jesús, Antonio, Raúl, Ignacio y este que les escribe (aunque reconozco que yo en menor medida) fueron dando forma a un acto majestuoso, único y que marcaría un antes y un después en los pregones cofrades portuense y, porque no decirlo, fuera de la ciudad.

Poco a poco fue tomando forma. Se propusieron cosas y otras quedaron por el camino. Reuniones, charlas, ideas y un sinfín de mensajes, donde el propio pregonero, atacado de los nervios, reconocía la ilusión y las sensaciones que estaba sintiendo. Un pregonero que, porque no reconocerlo, pensé que su falta de recorrido en cuanto a pregones, iban a hacer de su pregón algo que, igual, no estaría al altura. Con ilusión, trabajado, ayuda y, sobre todo, con ganas ha derrumbado todas esas barreras.

Un grupo de locos que, debo reconocer, me han devuelto la ilusión por este mundillo, que algunas personas me hicieron casi aborrecer con sus actitudes y sus actos, alejados de lo que debe ser una Hermandad y el mundo cofrade.

Pero para este mundo de locos y para el resto del loco mundo, el tiempo se paró. El maldito coronavirus vino, vio y venció. Lo que en un principio se veía lejano, pasó a ser una triste relaidad: “Las procesiones, no saldrían a las calles”. No se montarían Ios pasos, ni se atronillarían candelabros, ni se alinearían las candelerías. La Cuaresma se acortó y muchos proyectos de OndaPasion, quedaron parados, hasta la próxima Cuaresma, hasta la próxima Semana Santa. Una Semana Santa que no será pregonada, aunque la Semana Santa de 2021 ya nos espera.

A Alberto Ortega, Antonio Montero, Raúl Cordero, Jesús Gómez, Ignacio Gilabert, Manuel Rascón, Figue y Fran Ganaza, simplemente daros las gracias por todo el esfuerzo y cariño puesto en estas semanas, por vuestra dedicación y vuestra tiempo. A todo este equipo de locos GRACIAS. Al resto de cofrades, de los de verdad, de los de los 365 días del año, ánimo… Ánimo y a estar atento a nuestra web y nuestras publicaciones, ya que aunque las procesiones no estarán en las calles de nuestra ciudad, seguiremos informando de todo lo que dará los proximos días y meses. Y para los que no pueden vivir sin un paso en la calle, no desesperen que quedan las Glorias y las salidas extraordinarias… Y la Semana Santa de 2021.

Y si no sale, ¿Qué?

“Han creado esto para que no haya Semana Santa” “Se quieren cargar la Semana Santa” “Lo que quieren es que no tengamos Semana Santa”. Estas, y otras más, son algunas de las frases, por no llamarlo de otro modo, que he podido leer y oír en estas semanas, con respecto al coronavirus, como si el maldito virus coronado sólo afectase a católicos, cofrades y capillitas practicantes y hubiera sido creado por alguna mente tóxica, para soltarlo justo ahora y fastidiar la Semana Mayor.

Algunos ya ponen el grito en el cielo, porque han tenido que suspender algunos ensayos, en varias ciudades andaluzas y ya se habla, desde las autoridades competentes, que, como las Fallas, igual la Semana Santa se vea afectada por el dichoso virus.

Para estos, los paranoicos de una semana, el mundo se les viene encima porque no verían pasos en las calles, ni bandas a las que grabar, oir y reproducir en su móvil como una matraca.

Para estos, los paranoicos de una semana, el mundo se les vienen encima porque no podrían sacar “su” paso cada día, ni podrían despotricar de esta o aquella banda o ver qué marcha será la siguiente que sonará.

Para estos, los paranoicos de una semana, todo se limita a eso, a una semana, así de simple y así de vacío, sin ni siquiera pensar que la Semana Santa no será jamás suspendida ya que, aunque no haya desfiles procesionales, y digo bien desfiles para ellos, la Semana Santa tendrá su máxima expresión en la misa de Palmas, en la Eucaristía del Jueves Santo, día del Amor Fraterno, o en la Pascua de la Resurrección.

Es normal que se agobien y pongan el grito en el cielo, porque de lo descrito en el párrafo anterior, poco o nada de idea tienen. Sólo se les pasará por la cabeza hablar de estrenos, de marchas, de bandas y capataces. De la pena que les da que aquel Cristo no lo saque Fulano o de que el otro Cristo lo montarían en un paso y lo “guapo que quedaría”.

Que conste que soy el primero en pensar qué estrenará esta o aquella Hermandad, en quién habrá modificado el itinerario y qué planning habrá que seguir, para poder ver el mayor número de Hermandades en la calle, pero por encima de todo soy un ser racional, que no ve fantasmas donde no los hay, que no siente atacada su fe por cosas como estas, pues mi fe es mucho más grande que un paso en la calle, que no cree en inventos para destrozar lo nuestro, ni mucho menos en mentes malvadas conspirando para terminar con una semana. Flaco favor hacemos los cofrades, dando vuelo a esas ideas “conspiranoides”, que lo único que ayuda es a que nos sigan llamando frikis, y con toda la razón del mundo.

Está claro que el famoso coronavirus podrá, llegado el caso, terminar con las procesiones, pero no tenga la más mínima duda, que la Semana Santa, aunque no haya un sólo penitente en la calle, no se suspende.